Lleno de diversión: Plied y Prejuicio mantienen el ánimo alto
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Es un vermut universalmente reconocido que el licor y la literatura van de la mano. Desde las fiestas empapadas en champán de F. Scott Fitzgerald hasta las pintas y poesía de Dylan Thomas, la palabra escrita siempre ha fluido un poco más libre con una copa en la mano. De hecho, Ernest Hemingway bromeó famosamente: "Escribe borracho, edita sobrio." Plied and Prejudice toma esa tradición, la sacude con romance de la Regencia, añade un giro travieso y la convierte en un doble (entendido). Es una noche embriagadora en la alta sociedad.
La acción tiene lugar en un escenario transversal (un espacio largo y estrecho con el público sentado a ambos lados). No es tanto una pasarela (aunque el señor Wickham hace su mejor imitación de Zoolander, mientras desfila y corre por ella) y más bien una pista de 100 metros. Los cinco actores interpretan 25 personajes entre ambos, y Austen era fan de un grupo de chat. Eso significa que los actores atléticos se lanzan, se deslizan y se lanzan por el resbalón estrecho para transformarse en la persona con la que acababan de hablar. Es una hazaña impresionante y divertida; y una que deja al público (y presumiblemente al reparto) entre risas. Es una clase magistral de agilidad cómica.
Los personajes que conjuran con un sombrero, un bastón y un recorte de cartón sin cabeza son a partes iguales ridículos y fascinantes. La señora Bennet (Emma Andreatta) no solo es retratada como una madre entrometida, sino también como una bruja que controla el clima. Mientras el señor Collins (Andrew Macmillan) se desliza y escupe entre la multitud como una serpiente venenosa. Es repugnante pero indudablemente hilarante, lo cual Lizzie Bennet (Brigitte Freeme) puede confirmar, ¡le hizo romper el personaje varias veces! Esto no es una pulla, es emocionante ver a esta talentosa compañía contorsionar sus cuerpos y lanzar sus voces para hacernos reír (y hacernos reír a nosotros). Y añade a la energía cruda, sin filtros y juguetona de la actuación en general.
Otra cosa que añade caos es el servicio en la mesa que se celebra durante todo el evento, no porque el público beba demasiados cócteles y se vuelva demasiado ruidoso, sino porque el personal de camareros debe bajar por el escenario y atravesar la acción para llegar a los clientes sedientos en los puestos. Un camarero equilibrando un martini de espresso no suele interactuar entre el señor Darcy (Tim Walker) y Lizzie durante la escena de la propuesta, pero sin duda aporta algo y muestra de forma fantástica las habilidades de improvisación de la empresa. El material original puede tener 212 años, pero cada actuación se realiza en el momento.
La trama sigue siendo una versión fiel, aunque algo abreviada, del clásico de Austen: Elizabeth Bennet, armada con su lengua afilada y mente rápida, se encuentra enfrentándose al distante y taciturno señor Darcy. Surgen juicios y malentendidos mientras pretendientes pomposos son exhibidos por la señora Bennet (quiéne̶e̶e̶e̶e̶e̶e̶s̶e̶ e̶
Es estruendoso sin ser descuidado y ingenioso sin ser pretencioso. En resumen, Plied and Prejudice es genialmente brillante.